Aseo es el único servicio público domiciliario que se presta en movimiento. No hay una red fija ni un medidor en el predio: hay rutas, vehículos y toneladas, y la prueba de que el servicio se prestó hay que levantarla en la calle. A eso se suma algo que no le pasa a ningún otro servicio: una parte de lo que el operador recauda no es suya, y hay que repartirla entre los prestadores de aprovechamiento según toneladas que aprueba un sistema externo.
El servicio ocurre en la calle y hay que probarlo
La prestación se hace en ruta, lejos de cualquier oficina. Sin evidencia georreferenciada y en tiempo real de que la ruta se cumplió, sustentarlo ante el ente de control depende de planillas que alguien llenó a mano.
La flota es el costo, y se mueve
Propia o contratada, la operación es logística que no admite aplazamiento. Cuando el seguimiento, el mantenimiento y los costos viven en sistemas distintos, el costo real de prestar el servicio se conoce cuando el período ya cerró.
La tarifa la define la norma, no el negocio
El cálculo tarifario tiene que cumplir la regulación del servicio y alimentar después al sistema comercial. Un error ahí no afecta a un suscriptor: se factura a todos, y se corrige a todos.
Parte del recaudo es de otros
Los recursos de los prestadores de aprovechamiento salen de lo que recauda el operador, y en el país hay más de cuatrocientos. Calcular cuánto le toca a cada uno, entregarlo y sustentarlo es un proceso mensual que no se puede improvisar.
De la ruta al reparto, sobre la misma información
La operación en terreno se administra con AIO, que reúne la configuración de flotas, el seguimiento satelital, el mantenimiento y el control de costos en una sola herramienta, para flota propia o tercerizada. Su aplicación móvil levanta en campo el catastro, los residuos especiales y peligrosos, las evidencias de la prestación y la georreferenciación de los equipos de trabajo, así que el cumplimiento de la ruta queda documentado en el momento en que ocurre.
Del lado comercial, Épsilon calcula la tarifa conforme a la regulación del servicio y la entrega al sistema comercial, que administra la facturación, el recaudo y la cartera sobre un motor de reglas y un modelo BPM configurable. SIPA resuelve la distribución de los recursos de aprovechamiento: carga los recaudos, calcula lo que corresponde a cada prestador según la información del SUI y genera la dispersión automática con archivos de banco.
La capa que lo mira todo junto
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Reúne en una vista de 360 grados la información de los sistemas de la organización y la de los actores externos, y sobre ella construye la trazabilidad de los servicios: qué se prestó, dónde, a quién y con qué variables de atención. La ruta y la factura dejan de ser dos historias separadas. De ahí salen los reportes que exigen los entes de control, ya cuadrados contra la operación que los generó, en lugar de armarse a mano cada vez que los piden.
Y como en aseo el comportamiento del servicio no es estable, el análisis se hace sobre las variaciones, las tendencias y las estacionalidades de cada proceso, no sobre un promedio. Las reglas de validación definen quién responde por cada dato y en qué tiempo, así que una inconsistencia tiene dueño y plazo antes de convertirse en un hallazgo del ente de control.
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